viernes, 27 de abril de 2012


El lenguaje condiciona parcialmente la percepción visual
Una investigación confirma que afecta al campo de visión que tenemos a nuestra derecha

Un estudio realizado por dos universidades norteamericanas ha confirmado que el lenguaje afecta a la percepción humana, aunque lo hace de una forma particular: sólo modifica lo que vemos a nuestra derecha, mientras que el campo de visión situado a nuestra izquierda no es alterado por el lenguaje. Anteriores investigaciones habían determinado que el idioma nativo desempeña también un papel fundamental en la percepción, ya que dependiendo de la riqueza del vocabulario, el cerebro construye tantas imágenes de la realidad como las que describre una lengua. El nuevo estudio ha confirmado que el vocabulario también contribuye a modificar la percepción. Por Yaiza Martínez.

Las representaciones visuales están influenciadas por el lenguaje, confirma un estudio realizado por la University of California, en Berkeley, y por la University of Chicago, cuyos respultados publica la revista Proceedings of National Academy of Sciences. La Universidad de Chicago ha difundido asimismo un comunicado sobre esta investigación. 

El estudio ha descubierto que el lenguaje afecta a la percepción humana sólo en la mitad derecha del campo de percepción, es decir, a lo que vemos a nuestra derecha, mientras que el campo de percepción situado a nuestra izquierda no se ve afectado por el idioma que hablamos.
 

La función del lenguaje es procesada predominantemente en el hemisferio izquierdo del cerebro, que recibe información visual directamente del campo visual derecho. Por lo tanto, tiene sentido que el lenguaje procesado en el hemisferio izquierdo influya más en nuestra percepción del campo visual derecho que en la del campo visual izquierdo.
 

Este extraño fenómeno ha sido comprobado en pruebas experimentales realizadas en el laboratorio Richard Ivry’s de la University of California en Berkeley. Un grupo de estudiantes fue sometido a una serie de pruebas, al igual que un grupo de pacientes que habían sido sometidos a operaciones quirúrgicas por las que los dos hemisferios de sus cerebros habían sido separados.
 

Cuadros de colores
 

A los participantes en el experimento se les mostró un anillo formado por 12 cuadrados de colores. Todos los cuadrados eran exactamente del mismo color, a excepción de uno, que era de otro color, y que aparecía a la derecha o a la izquierda de la mitad del círculo. Los participantes debían indicar en qué lado del anillo había aparecido el “intruso” de otro color, señalándolo en las teclas de un teclado.
 

El color de este “intruso” tenía el mismo (verde, por ejemplo, pero en un tono distinto al de los demás) o diferente (azul, mientras los otros eran verdes) nombre que el color del resto de los cuadros. Los investigadores descubrieron que los participantes respondían más rápidamente cuando el color de dichos intrusos tenían un nombre distinto al de los demás cuadros (como si la diferencia lingüística otorgara más peso a la diferencia perceptual), pero esto sólo ocurría cuando el intruso estaba en el lado derecho del campo visual. Sin embargo, si se encontraba en el lado izquierdo no había diferencia.
 

Estudios previos realizados por el director de la presente investigación,
 Paul Kay, del International Computer Science Institute de la universidad de California en Berkeley, y sus colegas, habían comprobado que algunas distinciones de la lengua inglesa no aparecen en otros idiomas o viceversa. 

Por ejemplo, el inglés emplea dos palabras para distinguir los colores azul y verde, mientras que el Tarahumara, una lengua indígena de Méjico, sólo utiliza una palabra para ambos colores. Este hecho, que puede parecer un mero consenso lingüístico, afecta realmente a la percepción del verde y del azul: los angloparlantes realmente ven dos colores: verde y azul, mientras que los hablantes del Tarahumara son incapaces de distinguir la diferencia entre ambos.
 

Evidencia confirmada
 

Un ejemplo similar es el de los esquimales (yuít, yupí e inuit), que en sus lenguas son capaces de utilizar hasta veintidós vocablos diferentes para designar el color blanco, en función del contexto: no es igual el blanco de la piel del oso que el blanco de una tormenta de nieve. Para ambos conceptos se utilizan palabras distintas. Cualquier europeo que viajara al Ártico sólo sería capaz de percibir un color, o como mucho los matices de todos los blancos que tuviera delante.
 

El nuevo estudio sobre la influencia del lenguaje en la percepción visual repitió la parte del test realizado a los angloparlantes en anteriores investigaciones, y confirmó que la percepción de los colores depende de su situación a la izquierda o a la derecha del campo visual, y que la diferencia lingüística profundiza en la diferencia de la percepción.
 

Otros estudios anteriores habían intentado determinar la posible influencia del lenguaje en la percepción, pero sólo para afirmarla o negarla. En este caso, los investigadores han ido más lejos y descubierto que se dan ambas cosas: el lenguaje parece afectar a la percepción del campo visual derecho, pero no al izquierdo. Por eso, deducen que nuestra percepción visual del mundo que nos rodea puede estar, al mismo tiempo, filtrada y no filtrada por las categorías lingüísticas.
 

La cuestión de si el lenguaje afecta o no a la percepción ha sido debatida durante mucho tiempo, pero no desde el punto de vista de la organización funcional del cerebro. La naturaleza de esta organización neuronal predice que, si el lenguaje afectara a la percepción, debería hacerlo más en el campo visual derecho que en el izquierdo, por las razones que se han descrito.

Fuente: http://www.tendencias21.net/El-lenguaje-condiciona-parcialmente-la-percepcion-visual_a863.html

La religión condiciona la percepción visual

El efecto es de larga duración y depende de la severidad de las prácticas religiosas


La religión en la que hemos sido educados condiciona nuestra manera de percibir los estímulos visuales, señala una investigación de la Universidad de Leiden. Así, en función de los entornos religiosos que habiten, los individuos se fijarán más en las características globales o en los detalles de cada imagen que vean. Esta constatación implica que la práctica religiosa tiene un impacto medible y duradero en los procesos de atención, como otros condicionamientos culturales. El descubrimiento podría ayudar asimismo a comprender el papel de los sistemas de creencias en los conflictos interpersonales e interculturales. Por Yaiza Martínez.
La religión en la que hemos sido educados condiciona nuestra manera de percibir los estímulos visuales, sugieren los resultados de una investigación realizada por científicos de laUniversidad de Leiden, en los Países Bajos. 

Anteriormente, diversos estudios habían demostrado que las experiencias culturales (los ámbitos culturales en los que nos desarrollamos) pueden afectar en un sentido amplio nuestra percepción y atención. 

Por ejemplo, en 2001, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, demostró que las personas criadas en entornos culturales asiáticos presentaban un estilo perceptivo más holístico (eran más sensibles a las características globales que a las locales de objetos o escenas visuales) que las personas criadas en el ámbito cultural de Norteamérica. 

Pruebas realizadas 

Lorenza Colzato, psicólogo cognitiva de la Universidad de Leiden, y sus colaboradores, realizaron una serie de experimentos con personas inmersas en diversas tradiciones religiosas y con personas ateas o de educación laica, para comprender hasta qué punto el contexto religioso podía afectar a la percepción visual. 

En dichos experimentos se realizaron una serie de pruebas que consistieron, esencialmente, en mostrar a los participantes un cuadrado o un rectángulo que, a su vez, estaban compuestos por pequeños cuadrados y rectángulos. 

Los voluntarios analizados debían distinguir bien las figuras grandes que contenían a las demás bien los componentes menores que conformaban dichas figuras. 

Por un lado, los científicos compararon la percepción visual de un grupo de estudiantes alemanes cristianos calvinistas conservadores y liberales (el calvinismo es un sistema teológico cristiano y una actitud hacia la vida cristiana que pone el énfasis en la autoridad de Dios sobre todas las cosas) con un grupo similar de estudiantes ateos. En total fueron analizadas 72 personas. 

En este caso, se constató que los calvinistas se fijaban más en los detalles, al menos en comparación con los ateos. Esta predisposición al detalle fue evidente incluso entre aquellos calvinistas actualmente menos creyentes (calvinistas liberales), lo que indica que la percepción queda condicionada por el tipo de educación religiosa que se recibe en la infancia.

Por otro lado, en otra prueba se compararon las percepciones visuales de un grupo de 36 adultos jóvenes italianos de educación católica romana o de educación laica, con las de un grupo de 36 adultos jóvenes judíos ortodoxos o seculares de Israel. 

El efecto constatado en esta ocasión fue el contrario que en el caso anterior: los religiosos fueron menos detallistas que los ateos, y se centraron más en la figura mayor que en las pequeñas. 

Formas de mirar el mundo 

Según explican los investigadores de la Universidad de Leiden en un artículo publicado por la revista Cognition, la religión ha sido comúnmente definida como un conjunto de reglas, desarrolladas dentro de cada cultura particular, que proporcionan la sensación de vivir con un sentido y un marco que conforma las vidas y pensamientos de sus seguidores. 

Los resultados obtenidos demuestran que, dependiendo de cómo sea dicho marco, la percepción visual se desarrolla de una manera u otra. En el caso de los calvinistas, se produce una percepción de lo global significativamente reducida. Por el contrario, este tipo de percepción más global está acentuada en las personas católicas y judías. 

Colzato cree que estas diferencias sugieren que las diversas culturas religiosas afectan la forma en que miramos el mundo. De este modo, una religiosidad que fomente el individualismo y recompense el comportamiento “correcto” (como el calvinismo) propiciará una percepción más centrada en lo local, y que por el contrario ignore el entorno, de mayor amplitud. 

Por el contrario, una religión que ponga el énfasis en lo colectivo y en la responsabilidad social (como el judaísmo o el catolicismo), por el contrario, favorecerá la percepción de lo general. 

Otras conclusiones sacadas a partir de los resultados obtenidos fueron las siguientes: que los efectos de la religión en la forma de percibir estímulos visuales es de larga duración (condiciona incluso a personas no religiosas en la actualidad, pero que han sido criadas en un entorno religioso concreto), y que la extensión de dichos efectos varía en función del grado de severidad de las prácticas religiosas. 

Comprender la percepción ajena 

Las constataciones realizadas son importantes y tienen implicaciones relevantes al menos en dos sentidos, explican los investigadores en su artículo. En primer lugar, sugieren que la práctica religiosa tiene un impacto medible y duradero en los procesos de atención. 

En segundo lugar, conocer las características de dicho impacto podría servir para comprender el papel de los sistemas de creencias en los conflictos interpersonales e interculturales. 

Aunque el presente estudio ha estado limitado concretamente a la percepción de los estímulos visuales, se sabe que la propensión a la atención de atributos bien globales bien locales puede causar interpretaciones diversas del mundo. 

Estas divergencias pueden condicionar la comunicación entre personas de orígenes religiosos distintos, sobre todo si es cierto que la religión puede impactar sobre muchos más parámetros cognitivos de los investigados en el presente estudio. 

En la medida en que no se tenga una comprensión clara de cuáles parámetros se ven afectados y cómo éstos nos condicionan, será difícil resolver o evitar los malentendidos que puedan darse, en el presente o en el futuro, entre comunidades e individuos de distintas religiones, afirman los investigadores.

fuente: http://www.tendencias21.net/La-religion-condiciona-la-percepcion-visual_a4839.html

La música cambia nuestra percepción visual del mundo o por qué la música nos emociona.

Mientras escribo estas líneas estoy escuchando unos lieder de Haydn cantados, como es lógico, en alemán. Si bien no entiendo la letra, disfruto mucho de la música, y siendo unas canciones alegres consiguen ponerme de buen humor. Igual nos ha pasado a todos alguna vez con una canción pop, rock o rap (no digamos un aria de ópera) que, aunque no entendamos qué dice la letra, ha conseguido emocionarnos. Y emocionarse es alterar la forma en que percibimos los mismos hechos objetivos. ¿Hasta qué punto influye la música en la forma en que percibimos el mundo? Y ¿de dónde proviene esa influencia? Para responder a la primera pregunta veamos un artículo publicado enNeuroscience Letters por Nidhya Logerwaran y Joydeep Bhattacharya de la Universidad de Londres (Reino Unido), en el que se da cuenta de los resultados de un estudio según el cual la música afecta a cómo se perciben las imágenes, incluso cuando la música ha cesado.
En el experimento, 30 voluntarios escucharon una serie de piezas musicales clasificadas como “alegres” o “tristes”. Tras escuchar la grabación los sujetos veían la fotografía de una cara durante 1 segundo. A algunos se les mostraba una fotografía de una persona “alegre” (la persona estaba sonriendo) y a otros se les enseñaban caras con expresiones tristes o neutras. A los participantes se les pedía que evaluasen el contenido emocional de la cara según una escala del 1 al 7, en la que 1 significaba extremadamente triste y 7 extremadamente alegre.
Los investigadores encontraron que la música influía poderosamente en las evaluaciones emocionales de las caras. La música alegre hacía que las caras alegres pareciesen aún más alegres y la triste aumentaba la tristeza percibida en las tristes. Un efecto similar se encontró con las caras neutras. Este resultado que puede parecer trivial no lo es en absoluto.
En efecto, dos conclusiones importantes se extraen de este estudio. En primer lugar, que las emociones provocadas por la música son “intermodales”, es decir, se contagian fácilmente de un sentido a otro. Esto no es del todo nuevo, ya se sabía que la música puede influir en la percepción de estímulos visuales cuando se presentan simultáneamente, pero este estudio ha sido el primero en demostrar que las emociones evocadas por la música influyen en la percepción del contenido emocional de estímulos visuales que se presentan a posteriori. En segundo lugar, estos resultados vienen a reforzar la idea de que el procesamiento emocional tiene lugar fuera de la consciencia, en vez de estar basado en juicios y decisiones. La música estaría pues relacionada con los automatismos de nuestro cerebro.
Abordemos ahora la segunda cuestión de las que proponíamos al principio. Aunque probablemente parezca obvio que la música provoca emociones, no está claro porqué. ¿Por qué escuchar música es diferente a escuchar hablar a alguien, o a escuchar los sonidos de los animales o a escuchar el camión de la basura? ¿Por qué es agradable escuchar música? ¿Por qué nos influye emocionalmente?
Puede que la respuesta nos la dé nuestro origen evolutivo. La mayor parte de los estímulos evocadores de emociones en la vida de nuestros antepasados habrían sido los provenientes de las caras y los cuerpos de sus congéneres, y si uno encuentra artefactos humanos que poseen un alto poder evocador, es una buena suposición pensar que dichos artefactos deben parecer o sonar humanos de alguna manera. Siendo la música tan evocadora emocionalmente podríamos concluir que la música, a diferencia de otros sonidos, contiene elementos claramente humanos.
La cuestión, por supuesto, es cuáles son esos elementos. Un candidato es nuestro discurso expresivo: quizás la música no sea más que una forma abstracta de lenguaje. Pero esto no parece muy probable, de hecho la mayor parte de la emoción del lenguaje está en el significado, lo que explica que un discurso o el recitado de un poema en una lengua desconocida no despierten emociones en nosotros.
Pero hay un segundo comportamiento expresivo auditivo que los humanos realizan: nuestros propios movimientos corporales. El que los movimientos humanos son la base fundamental de la música es una conjetura que ya hicieron los griegos. El sistema auditivo es capaz de dar sentido a los sonidos de la gente que se mueve a nuestro alrededor: los zapatazos de alguien que camina enfadado, los roces de alguien que se acerca a hurtadillas, un corazón que palpita con tranquilidad o con excitación, etc. Esta capacidad para interpretar los sonidos emocionalmente es un proceso completamente inconsciente, automático.
Algunos de estos movimientos y sus sonidos asociados generan emociones positivas (evocan imágenes de actos agradables), mientras que otros podrían asociarse rápidamente con el miedo y la ansiedad (por ejemplo, el sonido de alguien corriendo o realizando un movimiento acelerado, te hace preguntarte inconcientemente de qué huye o qué le ataca). Según esta idea, si la música sonase como los movimientos expresivos humanos justificaría que fuese tan fácilmente interpretada por nuestro cerebro. En otras palabras, la música habría sido seleccionada culturalmente para sonar, sin que reparemos en ello, como un humano emocionalmente expresivo.
Referencia:
Logeswaran, N., & Bhattacharya, J. (2009). Crossmodal transfer of emotion by music Neuroscience Letters, 455 (2), 129-133 DOI:10.1016/j.neulet.2009.03.044



El tamaño del cuerpo condiciona la percepción del mundo 
01/06/2011

 
Ron Mueck - "In bed"
 
¿De qué manera afecta el tamaño del cuerpo a la forma de ver el mundo? Investigadores del Instituto Karolinska, en Suecia, han realizado un estudio en el que se ha abordado esta cuestión.

Según la teoría clásica, los seres humanos perciben el tamaño y la distancia en función de la interpretación cerebral de diversos estímulos visuales, como el tamaño de un objeto en la retina y el movimiento de éste por el campo visual. Algunos entendidos en la materia opinan, además, que en la percepción también influye el tamaño corporal. Según su parecer, a mayor estatura, menores parecen las distancias.

Los científicos pusieron a prueba estas hipótesis examinando de qué modo un grupo de personas experimentaba como propio un cuerpo diminuto y otro inmenso en un entorno de laboratorio.

En los experimentos realizados, cuando los individuos se imaginaban que su cuerpo era pequeño, atribuían distancias y tamaños mayores que los reales a los espacios, y menores cuando se imaginaron que tenían cuerpos grandes.

Los investigadores aseguran que estos hallazgos son muy importantes, puesto que apuntan a una relación causal entre las representaciones del espacio corporal y el espacio externo. Por consiguiente, el propio cuerpo afecta a la percepción del mundo. 

fuente:http://www.tendencias21.net/notes/El-tamano-del-cuerpo-condiciona-la-percepcion-del-mundo_b3023070.html

La atención puede distorsionar la percepción, revela un estudio 
06/10/2011

Un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Yale ha revelado que centrar la atención sobre los objetos puede distorsionar la percepción que se tiene de ellos, así como de su ubicación en relación con otras cosas.

Los investigadores analizaron las distorsiones perceptivas que se producen cuando la gente centra su atención en algunas cosas, pero no en otras. Los resultados demostraron que cuando se realiza esta acción, los “objetos atendidos” son vistos como más cercanos entre sí de lo que realmente están, mientras que los demás son percibidos como más lejos de lo que en realidad se encuentran, afirman los científicos.

En un experimento realizado se pidió a un grupo de personas que completaran una tarea visual. Los voluntarios miraron cuatro círculos mientras éstos se movían por la pantalla de un ordenador cambiando de colores rápidamente. Antes de que el movimiento empezara, dos de los círculos brillaron intermitentemente varias veces, para indicar que se debía centrar la atención en ellos.

Durante el movimiento de los cuatro círculos, se les pidió a los voluntarios que presionaran una tecla cada vez que uno de los dos círculos que miraban fijamente cambiase de color. Después de varios segundos de movimiento, todos los círculos desaparecieron, y los voluntarios tuvieron que señalar con el cursor de un ratón el lugar donde habían visto por última vez los círculos.

Los participantes localizaron los objetos con gran exactitud, pero tuvieron algunos errores no aleatorios. Los investigadores descubrieron, en primero lugar, que las localizaciones informadas sobre los círculos tendieron ligeramente a ubicarse en el centro de la pantalla, como si la representación mental del mundo fuera ligeramente reducida.

Además de esta distorsión global, los voluntarios recordaron que los círculos en los que se habían fijado estaban más cerca de lo que en realidad estaban (como si se atrajeran unos a otros ) e informaron de que los otros dos círculos estaban más alejados entre sí de lo que realmente habían estado (como si se hubieran repelido). Según los investigadores, estos hallazgos revelan que, aunque la atención permite conectar la mente con las cosas que nos rodean e interactuar con ellas, también puede distorsionar la realidad. 

fuente: http://www.tendencias21.net/notes/La-atencion-puede-distorsionar-la-percepcion-revela-un-estudio_b3330843.html